De la Intuición a la Evidencia: El Reto de Monitorear la Siembra y Cosecha de Agua en los Andes
En los últimos años, el Perú ha volcado su mirada hacia las cabeceras de cuenca. Ante la crisis hídrica y el cambio climático, las técnicas de Siembra y Cosecha de Agua (SyCA) han pasado de ser prácticas ancestrales o pilotos aislados a convertirse en el eje central de grandes inversiones públicas y mecanismos de retribución como los MERESE.
Sin embargo, desde AnduyLab queremos promover la reflexión sobre una pregunta fundamental: ¿Sabemos realmente cuánto impacto hídrico estamos generando? El objetivo de estas líneas es poner sobre la mesa la urgencia de medir, de transitar de la 'intuición' a la 'evidencia científica', y presentar la herramienta metodológica que nuestros especialistas ayudaron a desarrollar para responder a este desafío.
Empecemos por el principio ¿Qué es la siembra y cosecha de agua?
Para quienes recién se adentran en este mundo, las técnicas de SyCA son intervenciones, generalmente físico-estructurales, diseñadas para retener, infiltrar y almacenar agua de lluvia en el suelo y subsuelo. El objetivo es "sembrar" el agua en la temporada de lluvias para "cosecharla" (que aparezca en manantiales o incremente el caudal base de los ríos) en la temporada seca.
La relevancia de estas intervenciones no es casual, sino que responde a una característica crítica de la hidrología andina: su marcada estacionalidad. En nuestros Andes, la precipitación se concentra intensamente en unos pocos meses del año, dejando paso a una larga y severa temporada de estiaje. Ante este escenario de distribución desigual, la gestión de los recursos hídricos no puede depender solo del flujo natural inmediato; es imperativo implementar estrategias que nos permitan amortiguar esta variabilidad, reteniendo el excedente de la época de lluvias para mejorar la disponibilidad de agua durante los meses secos.
Entre las más comunes en nuestra geografía andina encontramos:
- Qochas: Diques construidos con materiales de la zona (piedra y tierra o "champas") para cerrar depresiones naturales o artificiales. Su función principal es captar y retener temporalmente la escorrentía superficial para favorecer su infiltración lenta hacia el subsuelo, recargando así los acuíferos que alimentan manantiales y bofedales aguas abajo.
- Zanjas de Infiltración: Excavaciones en el terreno realizadas siguiendo estrictamente las curvas de nivel. Estas estructuras interceptan el flujo de agua superficial, reduciendo su velocidad y capacidad erosiva, para retenerla temporalmente y forzar su infiltración en el perfil del suelo, incrementando así la humedad edáfica en las laderas.
- Amunas: Canales que captan, derivan y conducen agua de pequeños cursos para infiltrarlos durante su recorrido por el propio canal (que no está impermeabilizado, sino construido con materiales rústicos) o en una zona de alta capacidad de infiltración identificada previamente, hacia donde se conduce el canal para la recarga del acuífero.
Inversión vs. Impacto: ¿Sabemos si estas prácticas realmente están funcionando?
Si bien en el Perú existe un entusiasmo político y social por la masificación de la SyCA, debemos reconocer una verdad incómoda: la evidencia científica rigurosa sobre el impacto hidrológico real de muchas de estas intervenciones es prácticamente nula o, en el mejor de los casos, no concluyente.
El caso de las zanjas de infiltración es paradigmático. A pesar de ser una de las prácticas más extendidas, la bibliografía especializada no respalda su efectividad de manera contundente. Una revisión sistemática liderada por Locatelli et al. (2019) analizó la información existente y no encontró evidencia sólida que confirme los beneficios hidrológicos esperados de las zanjas en nuestros ecosistemas.
Más aún, el estudio de Somers et al. (2018), titulado "Does hillslope trenching enhance groundwater recharge and baseflow in the Peruvian Andes?", exploró específicamente esta técnica y la evidencia arrojada no favorece su efectividad para mejorar el caudal base, cuestionando si realmente cumplen la función de "cosecha" de agua que se les atribuye.
No obstante, existen excepciones pioneras en la generación de evidencia. Un referente es el estudio de Ochoa-Tocachi et al. (2019) sobre las amunas, el cual aportó los primeros datos rigurosos sobre la capacidad de recarga de esta práctica ancestral. Si bien los resultados fueron positivos, debemos ser cautos y evitar generalizaciones: se trata de un estudio específico en un contexto hidrogeológico particular. Este trabajo, que contó en su momento con la coautoría de especialistas que hoy integran nuestro equipo, demuestra que sí es posible cuantificar el impacto, pero subraya que un solo estudio no basta para validar todas las formas de SyCA.
Esta situación nos conduce necesariamente a reflexionar sobre la dinámica actual de la inversión pública en el Perú. Hoy somos testigos de esfuerzos monumentales, como los emprendidos por SEDAPAR o a través del fondo Sierra Azul, que están impulsando la instalación de decenas de qochas a lo largo de los Andes. Si bien nadie duda de la buena intención ni del despliegue logístico que esto implica, surge una pregunta inevitable:
"¿Es la magnitud de la intervención equiparable a la rigurosidad del monitoreo? Implementar SyCA a gran escala sin estrategias robustas para medir su impacto nos impide aprender. Corremos el riesgo de replicar errores en lugar de optimizar aciertos. La verdadera gestión no termina al construir el dique; empieza al medir si este realmente está cumpliendo con su objetivo de infiltrar agua o simplemente almacenándola."
Mirar atrás para avanzar: Aprendizajes de décadas pasadas
Para comprender mejor el desafío actual, es necesario mirar nuestra propia historia reciente. Durante la década de los 90 y gran parte de los 2000, el PRONAMACHCS (Programa Nacional de Manejo de Cuencas Hidrográficas y Conservación de Suelos) lideró una de las iniciativas más extensas de desarrollo rural en los Andes peruanos. Fue un despliegue masivo enfocado en la conservación de suelos, que logró movilizar a miles de comunidades para construir zanjas de infiltración y realizar campañas de forestación a una escala sin precedentes.
Si bien el esfuerzo social y operativo fue innegable, el enfoque de aquella época priorizó el cumplimiento de metas físicas —cuántos kilómetros de zanjas se excavaban o cuántos plantones se instalaban— por encima de la medición de sus resultados hidrológicos. Al no existir una cultura de monitoreo ni instalarse los instrumentos necesarios, se perdió la oportunidad de generar una base de datos histórica. Como resultado, hoy tenemos las infraestructuras en el paisaje, pero carecemos de la evidencia empírica para afirmar con certeza cuánto contribuyeron realmente a la recarga hídrica. Esta experiencia debe servirnos de brújula: con los nuevos mecanismos como los MERESE y los actuales proyectos de inversión pública, no podemos permitirnos repetir el patrón de intervenir masivamente sin mecanismos para aprender de dicho impacto.
Gestión Adaptativa: Medir para decidir
Generar evidencia no es un formalismo ni un lujo académico; es el pilar que sostiene la sostenibilidad de cualquier proyecto. Implementar un monitoreo hidrológico riguroso cumple dos funciones vitales que justifican cada sol invertido:
- Rendición de cuentas: Es fundamental para validar la inversión. Más allá de mostrar la obra física terminada, debemos ser capaces de demostrar que los fondos —sean públicos o privados— están generando los beneficios ecosistémicos prometidos. Hablamos de confirmar con evidencia lo que realmente importa: si estamos logrando mejorar la disponibilidad de agua durante la crítica época de estiaje o si efectivamente estamos incrementando la capacidad de regulación hídrica de la cuenca.
- Toma de decisiones (Gestión Adaptativa): Sin datos, operamos a ciegas. El monitoreo nos permite evaluar si nuestras intervenciones son realmente efectivas frente a las complejas condiciones climáticas, geológicas o de suelos de cada zona. Si la evidencia nos muestra que una técnica no responde como esperábamos en un contexto específico, los datos nos dan el poder de corregir la estrategia a tiempo. Esto nos permite ajustar los diseños y optimizar los recursos, asegurando que no sigamos replicando mecánicamente soluciones que no se adaptan a la realidad del terreno.
Hacia una cultura de la evidencia: Avances en el Perú y el camino que falta recorrer
Afortunadamente, el panorama está cambiando. En este tránsito, es imperativo reconocer el rol pionero de la iMHEA (Iniciativa Regional de Monitoreo Hidrológico de Ecosistemas Andinos, https://imhea.org). Con más de una década de trabajo en la región y una fuerte presencia en el Perú en los últimos años, esta iniciativa rompió la inercia al impulsar una cultura de generación de datos para la toma de decisiones. La iMHEA no solo llevó sistemas de monitoreo a zonas remotas de los Andes donde las experiencias previas eran prácticamente nulas, sino que validó un modelo de monitoreo participativo, integrando a las comunidades en la generación del conocimiento.
Este cambio de paradigma no se quedó aislado. La filosofía de trabajo de la iMHEA inspiró la lógica actual de "generar evidencia" que hoy sustenta intervenciones clave como los MERESE, y ha sido un referente para iniciativas de gran calado como el Proyecto de Infraestructura Natural para la Seguridad Hídrica (NIWS). Asimismo, ha impulsado la creación de diversos documentos técnicos nacionales que hoy orientan las labores de monitoreo en el país.
Sin embargo, debemos ser claros: aún estamos en proceso de consolidar un mecanismo verdaderamente sostenible para generar datos y, lo más importante, para utilizarlos. A pesar de los avances, todavía son escasas las experiencias que logran cerrar el ciclo completo: generar datos de calidad que sean útiles para responder, de manera concluyente, a las preguntas sobre el impacto hidrológico real de las intervenciones.
Llenar este vacío no es tarea sencilla. Diseñar sistemas que respondan a estas interrogantes es un proceso complejo que exige los más altos estándares de conocimiento científico y destreza tecnológico-práctica. Aquí es donde AnduyLab busca marcar la diferencia, posicionándose no solo como un proveedor, sino como un estratega técnico. Entendemos que para consolidar esta cultura de la evidencia, se requiere un acompañamiento experto capaz de transformar datos brutos en decisiones de gestión sólidas.
¿En qué debemos ser expertos para diseñar un Sistema de Monitoreo exitoso?
Basados en nuestra trayectoria, sabemos que un sistema de monitoreo para estimar beneficios hidrológicos no empieza con la compra de equipos, sino con una estrategia inteligente. Diseñar una red funcional requiere dominar cuatro dimensiones críticas:
- Definición estratégica de Objetivos y Escalas. La escala define la técnica, el tiempo y el presupuesto. Un error común es no alinear la expectativa con la realidad metodológica. Podemos medir el impacto puntual sobre la infiltración en una zanja (algo realizable en corto plazo y con menor costo). O podemos buscar estimar el impacto en el caudal base de una microcuenca (un desafío de mayor complejidad, largo aliento y mayor presupuesto). El experto sabe que estos objetivos no son excluyentes; al contrario, una estrategia robusta suele combinar ambos horizontes para tener victorias tempranas (escala parcela) mientras se consolida la data de largo plazo (escala cuenca).
- Selección del Enfoque Metodológico (atribución de causalidad). Aquí reside el corazón científico del monitoreo. Para afirmar que un cambio hidrológico se debe a la SyCA y no simplemente a que "llovió más este año", necesitamos construir escenarios de comparación sólidos: el escenario "Con Proyecto" versus el escenario "Sin Proyecto". El experto debe discernir qué camino es viable según la zona: Cuencas pares (Comparar la cuenca intervenida con una similar testigo, ideal pero exigente biofísicamente), Antes-Después (Requiere largas líneas base históricas) o Modelamiento hidrológico (Uso de herramientas de simulación para recrear los escenarios). El método es la herramienta que nos permite aislar el "ruido" ambiental para encontrar la "señal" de la intervención.
- Determinación de Indicadores y Variables. No se puede gestionar lo que no se mide, pero tampoco sirve medirlo todo sin criterio. Debemos diferenciar entre el indicador (la representación cuantitativa del beneficio, como el "aumento del caudal base") y las variables necesarias para calcularlo. Un buen diseño identifica las variables esenciales (precipitación, caudal) y las complementarias que dan contexto al fenómeno (humedad del suelo, nivel freático, temperatura). La selección correcta asegura que los datos recolectados respondan directamente a las preguntas de gestión sin desperdiciar recursos en métricas irrelevantes.
- Estrategias para la sostenibilidad y calidad del dato. Monitorear en la comodidad de un laboratorio es una cosa; hacerlo a 4,000 m.s.n.m. es otra muy distinta. Los Andes son un entorno hostil y complejo. Un diseño experto no solo piensa en la instalación, sino en la supervivencia del sistema. Esto implica un sinceramiento de recursos: planificar logística de mantenimiento, protección contra vandalismo o clima extremo y protocolos de control de calidad de datos. Sin una estrategia operativa y financiera realista para la fase de Operación y Mantenimiento, hasta el equipo más sofisticado se convertirá en basura electrónica en pocos meses.
Un Guía para dar soporte al monitoreo de siembra y cosecha de agua
Todo este conocimiento no son solo palabras. Los especialistas que hoy conforman AnduyLab son los autores principales de un documento hito en el sector: la "Guía Metodológica para el Monitoreo de Técnicas de Siembra y Cosecha de Agua".
Esta publicación, que cuenta con el respaldo de entidades gubernamentales, sistematiza años de lecciones aprendidas tanto en campo como en gabinete. En sus páginas, la guía ofrece:
- Lineamientos técnicos para el diseño e implementación de sistemas de monitoreo, adaptados para evaluar el impacto específico de las diversas técnicas de SyCA.
- Protocolos claros para la gestión, validación y análisis riguroso de los datos hidrológicos generados.
- Estrategias operativas orientadas a asegurar la sostenibilidad y el funcionamiento continuo de los sistemas de monitoreo en el tiempo.
Es un orgullo para nosotros haber volcado nuestra expertís en este documento público para que más gestores, comunidades y empresas puedan aprovecharlo.
AnduyLab: Ciencia y Experiencia al Servicio del Agua
En AnduyLab, no solo escribimos sobre monitoreo; lo ejecutamos.
Entendemos la complejidad de los Andes porque hemos caminado sus cuencas, diseñado sus redes y analizado sus datos. Somos los socios ideales para implementar proyectos de monitoreo de SyCA porque ofrecemos una combinación única: rigurosidad científica y eficiencia operativa (soluciones costo-efectivas).
Si tu organización necesita demostrar el impacto de sus inversiones, contáctanos. Hagamos que cada gota cuente, y que cada dato nos enseñe.
Bibliografía citada
Locatelli, B., Homberger, J. M., Ochoa-Tocachi, B. F., Bonnesoeur, V., Román, F., Drenkhan, F., & Buytaert, W. (2020). Impactos de las zanjas de infiltración en el agua y los suelos:¿ Qué sabemos?
Ochoa-Tocachi, B. F., Bardales, J. D., Antiporta, J., Pérez, K., Acosta, L., Mao, F., ... & Buytaert, W. (2019). Potential contributions of pre-Inca infiltration infrastructure to Andean water security. Nature Sustainability, 2(7), 584-593.
Somers, L. D., McKenzie, J. M., Zipper, S. C., Mark, B. G., Lagos, P., & Baraer, M. (2018). Does hillslope trenching enhance groundwater recharge and baseflow in the Peruvian Andes?. Hydrological Processes, 32(3), 318-331.